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Historia

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Villa situada en el corazón de la provincia casi al borde del término municipal de Burgos.

Al margen de referencias antropol√≥gicas y arqueol√≥gicas, que tanto hacen resonar al nombre de la Sierra de Atapuerca, en la que puede incluirse Carde√Īuela de R√≠o Pico, la presente personalidad de la misma comenz√≥ a forjarse a finales del siglo IX, tras la fundaci√≥n de la ciudad de Burgos, a√Īo 884, que dio seguridad de repoblaci√≥n a las subcomarcas de los modestos r√≠os Vena y Pico.

En el a√Īo 899 se funda el monasterio de San Pedro C√°rdena que ser√° el gran motor de la culturizaci√≥n de campos y de personas durante dos siglos. Carde√Īuela recibe, en diminutivo, el nombre de C√°rdena y para mejor distinci√≥n antes se apellidaba de Val de Orbaneja y ahora de Riopico. La primera menci√≥n documental que conservamos es del a√Īo 978, 24 de noviembre, en el solemn√≠simo acto de constituci√≥n de la abad√≠a-infantazgo de Covarrubias. En ese d√≠a, el conde Garc√≠a Fern√°ndez entrega a su hija Urraca, primera abadesa-infanta, jurisdicciones, privilegios y una fuerte masa de bienes que dar√° grandezas y duraci√≥n a la obra del conde.

En la larga relaci√≥n de bienes se menciona, dentro del alfoz de Burgos, a Carde√Īuela, que con todos sus bienes y derechos se integra en el infantado. La abadesa-infanta es se√Īora de la villa. Pero el dominio de Covarrubias sobre Carde√Īuela solo dur√≥ tres cuartos de siglo: en el a√Īo 1046, seg√ļn el investigador L. Serrano, Carde√Īuela fue desmembrada del infantado (12 de diciembre) y entregada al monasterio de C√°rdena. Cuatro a√Īos m√°s tarde, 9 de diciembre de 1050, Vela Mu√Īoz, pensando en el negocio de la salvaci√≥n de su alma, dona al dicho monasterio toda la hacienda.

Seg√ļn estos documentos, los monjes de Carde√Īa se convierten en se√Īores de la villa, se√Īor√≠o que durar√° hasta principios del siglo XIX. Como se sabe, el abadengo sol√≠a ser la forma administrativa m√°s benigna en el Antiguo R√©gimen. Al fin, los monjes sol√≠an ser en su mayor√≠a hijos del pueblo llano y conoc√≠an mejor las situaciones sociales. As√≠, Carde√Īuela, aunque bajo la alta supervisi√≥n del monasterio de Carde√Īa, gozaba de autonom√≠a bastante en sus asuntos concejiles.

Villalval (Villa Valle) ya giraba en la √≥rbita de Carde√Īuela, aunque bajo el se√Īor√≠o del monasterio benedictino. Hay un suceso que interesa para conocer el talante pragm√°tico de los vecinos del Valle del Pico, tan estrecho y apretado, pero saturado de noticias. Merced a un documento del archivo del monasterio Carde√Īa nos informamos de lo siguiente: En el a√Īo 1073, 17 de abril, que precisamente era mi√©rcoles, hubo un gran altercado entre el reverend√≠simo abad y los infanzones del Valle de Orbaneja. No se piense en una bronca descomunal entre el abad y sus vasallos, suceso incomprensible en el santo abad Sisebuto y en presencia de la majestad del rey Alfonso VI, que hacia pocos meses se hab√≠a ce√Īido la corona de Castilla.

Al escribir ‚Äúaltercado‚ÄĚ el secretario quiso decir pleito, litigio, juicio, etc. El caso era que las cuatro villas de Carde√Īuela, Villalval, Villaplana y Villa de Do√Īa Eilo, que ahora se dice Quintanilla de R√≠o Pico pastaban sus reba√Īos con los de las cuatro villas, sin que los monjes de Carde√Īa lo impidieran. Cansados de lo que consideraban un atropello, un d√≠a los vecinos de las cuatro villas prendaron 104 bueyes de Orbaneja y los encerraron en sus tenadas. El esc√°ndalo fue may√ļsculo y los monjes y vecinos de Orbaneja llevaron el asunto a los tribunales y a su √ļltima instancia, al rey.

Los prendadores eligieron a sus 13 vecinos, distinguidos-infanzones para que los defendieran ante el tribunal del mismo rey Alfonso. Sabemos los nombres y conveniente ser√° recordarles para que conozcamos a vecinos tan antiguos de Carde√Īuela y de las otras villas, de las que Villaplana hace siglos que dej√≥ de existir: Francio F√°√Īez, Gonzalo Gonz√°lez, Ectravita Fort√ļnez, Domingo Vel√°squez, Orbita Fern√°ndez, Gonzalo Berm√ļdez, Galindo Fern√°ndez; a todos 13 les otorgaron su voz y su derecho para que los defendieran ante el rey. Los monjes, se prepararon a defender lo que ellos cre√≠an que era justo y nombraron como sus procuradores ante el regio tribunal a don Cipriano, merino del rey en Burgos y su alfoz y, por tanto, alta autoridad y tambi√©n al que ya era el caballero m√°s notable de Castilla, a don Rodrigo D√≠az de Vivar, el Cid Campeador.

Llegado el d√≠a acudieron ante el rey Alfonso, los 13 procuradores de las cuatro villas y las dos de Carde√Īa, acompa√Īados de vecinos y de curiosos. El juicio pudo celebrarse en Burgos, en Carde√Īa o en el p√≥rtico de alguna de las iglesias prerrom√°nicas del valle. Este ‚Äúaltercado‚ÄĚ acab√≥ mal para las cuatro villas. Don Rodrigo y don Cipriano eran hombres experimentados y h√°biles en cuestiones de Derecho y acorralaron a los infanzones. Tardaron bastante en convencerles de que los de Orbaneja ten√≠a raz√≥n y que el haber prendado la boyada de Orbaneja hab√≠a sido un contrafuero que solo pod√≠a resolverse devolviendo el doble de lo prendado, es decir, 208 bueyes. Los de Carde√Īuela y sus compa√Īeros, pensaron que era preferible un acuerdo a una sentencia fuerte. Y as√≠ sucedi√≥: las cinco villas tomaron un mismo ‚Äúapellido‚ÄĚ; sus ganados pastar√≠an juntos y algunas cl√°usulas del fuero de Orbaneja se extend√≠an a todas las localidades del valle. Este acuerdo se hizo en la fecha se√Īalada ante el rey Alfonso, que reinaba en Castilla, en Le√≥n y en toda Galicia. Firmaron los testigos y el escribano a√Īadi√≥ una nota simp√°tica que nos revela el talante de aquellos castellanos, broncos y exigentes, pero razonables y amigables.

Los siglos transcurrieron tranquilos en la paz campesina de Carde√Īuela. Su tierra es dura, pero el trabajo de los vecinos la ablandaba y consegu√≠a el pan y la dignidad. Las relaciones con sus vecinos y con el monasterio de Carde√Īa fueron de buen trato. Cuando a mediados del siglo XIII la di√≥cesis escribe el Libro de Pr√©stamos, en √©l figura Carde√Īuela con 12 maraved√≠es, cifra que revela una comunidad de tipo medio. Un siglo despu√©s aparece tambi√©n en el Libro Famoso de las Behetr√≠as con una elocuente y generosa sobriedad. La presi√≥n hacend√≠stica no era, pues, grave en Carde√Īuela.

De la villa sencilla y abastada y de la vivencia de los principios castellanos, nos hacemos una exacta idea reflexionando sobre las mejoras que en su iglesia introdujeron los vecinos a principios del siglo XVI. El cabildo de la catedral de Burgos encarg√≥ al gran artista Felipe de Vigarny un altar de Santa Eulalia. Por la raz√≥n que fuera, el Cabildo lo vendi√≥ a la parroquia de Carde√Īuela ah√≠ sigue presidiendo tal joya la iglesia de Santa Eulalia. La compra se hizo en 1528.

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